Escrito el Sábado, 19 de Diciembre de 2009 por El Gran Wyoming a las 6:59 h.
Con Aminatou Haidar se ha hecho justicia. El sistema democrático no admite excepciones: la ley ha de cumplirse siempre y es igual para todos. Esa es la regla del juego sin la cual todo nuestro entorno se convierte en tramoya. Cuando se vulnera esta norma, como en el caso de Guantánamo, se ratifica que la libertad es una concesión virtual que queda abolida si resulta un obstáculo para el gobernante de turno.
Con la lucha de esta inquebrantable mujer algunas cuestiones han salido a la luz. La primera es la constatación de que las cosas sólo cambian si las haces cambiar. Otra es la crueldad de la que hacen gala algunos comunicadores sin el más mínimo rubor, como si la chulería al abusar del débil fuese un derecho adquirido con la condición de ciudadano del primer mundo. Algunos se empeñaban en difundir la sospecha de que estaba siendo alimentada de forma secreta, con el fin de ridiculizar su sacrificio. Acusaban a los “famosos” que acudían a su lado de sacar beneficio con su gesto, sin especificar en qué consistía ese vergonzoso rédito. Nunca critican cuando la fama se aprovecha para vender electrodomésticos.
Me gustaría mandar un abrazo muy fuerte a Aminatou, que ha estado a punto de dar su vida para que este mundo fuera un poco mejor, por lo que nos ha enseñado. También a las personas que fueron a Lanzarote a evitar que muriera sola como una bestia, a las que han dedicado su tiempo en las carpas que se colocaron en las ciudades de España y a todos los que han mostrado su solidaridad de una u otra forma. Hoy es un día muy importante para los amantes de la paz y la libertad. Triste para sus enemigos.
Escrito el Sábado, 5 de Diciembre de 2009 por El Gran Wyoming a las 6:02 h.
Yo no entiendo cómo alguien que no desea viajar y carece de pasaporte puede llegar a entrar, primero en un avión, y más tarde en España, teniendo pinta de mora, cuando muchos se dejan la vida en el Estrecho de Gibraltar en el intento.
Los medios más osados hablan de que Aminatou Haidar sufrió algo parecido a un secuestro. ¿Qué puede haber parecido a un secuestro? ¿Un medio secuestro? ¿Un secuestro con educación? Creo que la única palabra que cuenta en todo este embrollo que han fabricado los medios de comunicación con tal de no llamar a las cosas por su nombre es la suya. En el colmo del cinismo primermundista, se la tachó de ingrata por no querer aceptar nuestra hospitalidad. Regalamos lo que no se nos demanda para tener argumentos que tranquilicen nuestra conciencia y, ya puestos, se carga contra aquellos que se acercan para ayudarla, mostrarle apoyo y así evitar que sufra sola como una apestada en los pasillos de un aeropuerto cuyos responsables, en el colmo del absurdo, la multaron por alterar el orden. También podrían hacerlo con los que duermen en los pasillos a causa de los retrasos. Esta mujer sólo ha querido una cosa: volver a su casa sin admitir que es de un país distinto al suyo, sin tener que pedir perdón a los que le han hecho tanto daño, y sin reconocer traición alguna a una patria a la que no pertenece.
Los pragmáticos han aconsejado en todo momento que ceda y se quite este lío de encima. No quieren comprender que no es una ciudadana cualquiera, quieren matar con ella la resistencia de un pueblo que lucha contra la barbarie, contra la impunidad de los que, amparándose en la fuerza, invaden a sus vecinos y, si nadie lo impide, los exterminan.
Con Aminatou Haidar se ha hecho justicia. El sistema democrático no admite excepciones: la ley ha de cumplirse siempre y es igual para todos. Esa es la regla del juego sin la cual todo nuestro entorno se convierte en tramoya. Cuando se vulnera esta norma, como en el caso de Guantánamo, se ratifica que la libertad es una concesión virtual que queda abolida si resulta un obstáculo para el gobernante de turno.
Con la lucha de esta inquebrantable mujer algunas cuestiones han salido a la luz. La primera es la constatación de que las cosas sólo cambian si las haces cambiar. Otra es la crueldad de la que hacen gala algunos comunicadores sin el más mínimo rubor, como si la chulería al abusar del débil fuese un derecho adquirido con la condición de ciudadano del primer mundo. Algunos se empeñaban en difundir la sospecha de que estaba siendo alimentada de forma secreta, con el fin de ridiculizar su sacrificio. Acusaban a los “famosos” que acudían a su lado de sacar beneficio con su gesto, sin especificar en qué consistía ese vergonzoso rédito. Nunca critican cuando la fama se aprovecha para vender electrodomésticos.
Me gustaría mandar un abrazo muy fuerte a Aminatou, que ha estado a punto de dar su vida para que este mundo fuera un poco mejor, por lo que nos ha enseñado. También a las personas que fueron a Lanzarote a evitar que muriera sola como una bestia, a las que han dedicado su tiempo en las carpas que se colocaron en las ciudades de España y a todos los que han mostrado su solidaridad de una u otra forma. Hoy es un día muy importante para los amantes de la paz y la libertad. Triste para sus enemigos.