Escrito el Sábado, 5 de Diciembre de 2009 por Anómalo a las 8:39 h.
 

Esta semana no sé si me salto mis propias normas o no, pero les traigo el post de Anomalario en el que matizo la entrada del otro día sobre el Manifiesto por los derechos fundamentales en Internet. Que a pesar del nombre no es una forma de encontrar trabajo y comida gratis en Internet.

Ejem. Ni porno. Ejem.

Si con esto aún no están satisfechos, pensamos la forma de seguir el debate. Preferiblemente si implica invistar a su amigo y vecino Anómalo a unas cañitas buenas.

Cibermerinas

El problema de Internet es que a veces trae mucha letra y leer de la pantalla de ordenador cansa. Como leer de cualquier otro sitio, pero con excusa oftalmológica. Este motivo y pocos más son los que han llevado a la rápida difusión del famoso Manifiesto para la defensa de los derechos fundamentales en Internet. Esta frase la he escrito para teneros calentitos desde el primer párrafo, claro.

Seguir leyendo Cibermerinas en Anomalario

Y de propina, mi anuncio favorito de las últimas semanas:

 

Me fascina. Creo que como las vías del metro cuando el tren llega a la estación.

Sin comentarios

Escrito el Sábado, 5 de Diciembre de 2009 por El Gran Wyoming a las 6:26 h.
 

En nuestro sistema existe una clase que da en llamarse política que goza de una serie de privilegios de cara a la ley. Dicen que es así en todos los países civilizados. Sin embargo, nosotros, los españoles, deberíamos protegernos de nuestra capacidad para darnos cuenta de que si uno se salta la ley en determinadas condiciones, no le pasa nada.

Así, desde esta tribuna, propongo la creación de un carné por puntos para los políticos, que perderían la capacidad de ser profesionales cuando, por ejemplo, mintieran en sede judicial, fueran incapaces de justificar sus ingresos, consintieran dobles contabilidades, cargaran las ceremonias de los familiares a las cuentas públicas, se negaran a dar información sobre los gastos a la oposición, cerraran comisiones de investigación en falso, aceptaran regalos de personas que se benefician de adjudicaciones, se manifestaran contra leyes que ellos mismos han promulgado, nos metieran en guerras innecesarias, justificaran acciones delictivas de compañeros, persiguieran a los que denuncian fechorías, espiaran a los rivales del mismo u otro partido, y un largo etcétera de cuestiones que a los jueces les cuesta mucho resolver, atados, como parecen estar, por miles de condicionantes, fechas, horas, formas y demás parafernalia incomprensible para el ciudadano, pero indispensable para el normal funcionamiento de la Justicia en un Estado de Derecho, según dicen.

No es complicado, se trata de aplicar una norma que da resultado con los demás ciudadanos, para evitar la evaporización de fondos de las arcas públicas y el síndrome de la “palma adherente”.

Sin comentarios

Escrito el Sábado, 5 de Diciembre de 2009 por El Gran Wyoming a las 6:02 h.
 

Yo no entiendo cómo alguien que no desea viajar y carece de pasaporte puede llegar a entrar, primero en un avión, y más tarde en España, teniendo pinta de mora, cuando muchos se dejan la vida en el Estrecho de Gibraltar en el intento.

Los medios más osados hablan de que Aminatou Haidar sufrió algo parecido a un secuestro. ¿Qué puede haber parecido a un secuestro? ¿Un medio secuestro? ¿Un secuestro con educación? Creo que la única palabra que cuenta en todo este embrollo que han fabricado los medios de comunicación con tal de no llamar a las cosas por su nombre es la suya. En el colmo del cinismo primermundista, se la tachó de ingrata por no querer aceptar nuestra hospitalidad. Regalamos lo que no se nos demanda para tener argumentos que tranquilicen nuestra conciencia y, ya puestos, se carga contra aquellos que se acercan para ayudarla, mostrarle apoyo y así evitar que sufra sola como una apestada en los pasillos de un aeropuerto cuyos responsables, en el colmo del absurdo, la multaron por alterar el orden. También podrían hacerlo con los que duermen en los pasillos a causa de los retrasos. Esta mujer sólo ha querido una cosa: volver a su casa sin admitir que es de un país distinto al suyo, sin tener que pedir perdón a los que le han hecho tanto daño, y sin reconocer traición alguna a una patria a la que no pertenece.

Los pragmáticos han aconsejado en todo momento que ceda y se quite este lío de encima. No quieren comprender que no es una ciudadana cualquiera, quieren matar con ella la resistencia de un pueblo que lucha contra la barbarie, contra la impunidad de los que, amparándose en la fuerza, invaden a sus vecinos y, si nadie lo impide, los exterminan.

Sin comentarios

Esta semana no sé si me salto mis propias normas o no, pero les traigo el post de Anomalario en el que matizo la entrada del otro día sobre el Manifiesto por los derechos fundamentales en Internet. Que a pesar del nombre no es una forma de encontrar trabajo y comida gratis en Internet.

Ejem. Ni porno. Ejem.

Si con esto aún no están satisfechos, pensamos la forma de seguir el debate. Preferiblemente si implica invistar a su amigo y vecino Anómalo a unas cañitas buenas.

Cibermerinas

El problema de Internet es que a veces trae mucha letra y leer de la pantalla de ordenador cansa. Como leer de cualquier otro sitio, pero con excusa oftalmológica. Este motivo y pocos más son los que han llevado a la rápida difusión del famoso Manifiesto para la defensa de los derechos fundamentales en Internet. Esta frase la he escrito para teneros calentitos desde el primer párrafo, claro.

Seguir leyendo Cibermerinas en Anomalario

Y de propina, mi anuncio favorito de las últimas semanas:

 

Me fascina. Creo que como las vías del metro cuando el tren llega a la estación.

Profilaxis

Sábado, 5 de Diciembre de 2009

En nuestro sistema existe una clase que da en llamarse política que goza de una serie de privilegios de cara a la ley. Dicen que es así en todos los países civilizados. Sin embargo, nosotros, los españoles, deberíamos protegernos de nuestra capacidad para darnos cuenta de que si uno se salta la ley en determinadas condiciones, no le pasa nada.

Así, desde esta tribuna, propongo la creación de un carné por puntos para los políticos, que perderían la capacidad de ser profesionales cuando, por ejemplo, mintieran en sede judicial, fueran incapaces de justificar sus ingresos, consintieran dobles contabilidades, cargaran las ceremonias de los familiares a las cuentas públicas, se negaran a dar información sobre los gastos a la oposición, cerraran comisiones de investigación en falso, aceptaran regalos de personas que se benefician de adjudicaciones, se manifestaran contra leyes que ellos mismos han promulgado, nos metieran en guerras innecesarias, justificaran acciones delictivas de compañeros, persiguieran a los que denuncian fechorías, espiaran a los rivales del mismo u otro partido, y un largo etcétera de cuestiones que a los jueces les cuesta mucho resolver, atados, como parecen estar, por miles de condicionantes, fechas, horas, formas y demás parafernalia incomprensible para el ciudadano, pero indispensable para el normal funcionamiento de la Justicia en un Estado de Derecho, según dicen.

No es complicado, se trata de aplicar una norma que da resultado con los demás ciudadanos, para evitar la evaporización de fondos de las arcas públicas y el síndrome de la “palma adherente”.

Aminatou Haidar

Sábado, 5 de Diciembre de 2009

Yo no entiendo cómo alguien que no desea viajar y carece de pasaporte puede llegar a entrar, primero en un avión, y más tarde en España, teniendo pinta de mora, cuando muchos se dejan la vida en el Estrecho de Gibraltar en el intento.

Los medios más osados hablan de que Aminatou Haidar sufrió algo parecido a un secuestro. ¿Qué puede haber parecido a un secuestro? ¿Un medio secuestro? ¿Un secuestro con educación? Creo que la única palabra que cuenta en todo este embrollo que han fabricado los medios de comunicación con tal de no llamar a las cosas por su nombre es la suya. En el colmo del cinismo primermundista, se la tachó de ingrata por no querer aceptar nuestra hospitalidad. Regalamos lo que no se nos demanda para tener argumentos que tranquilicen nuestra conciencia y, ya puestos, se carga contra aquellos que se acercan para ayudarla, mostrarle apoyo y así evitar que sufra sola como una apestada en los pasillos de un aeropuerto cuyos responsables, en el colmo del absurdo, la multaron por alterar el orden. También podrían hacerlo con los que duermen en los pasillos a causa de los retrasos. Esta mujer sólo ha querido una cosa: volver a su casa sin admitir que es de un país distinto al suyo, sin tener que pedir perdón a los que le han hecho tanto daño, y sin reconocer traición alguna a una patria a la que no pertenece.

Los pragmáticos han aconsejado en todo momento que ceda y se quite este lío de encima. No quieren comprender que no es una ciudadana cualquiera, quieren matar con ella la resistencia de un pueblo que lucha contra la barbarie, contra la impunidad de los que, amparándose en la fuerza, invaden a sus vecinos y, si nadie lo impide, los exterminan.

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