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Published Fracasos del mundo, uníos.
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Pst. Oigan. Mantengan este post entre nosotros, no lo vayan contando por ahí, que les voy a enlazar un artículo de El Mundo. No se chiven, ¿eh? No es porque me vayan a echar de Público. ¡Qué va! Pero me da mucho miedo que me quiera contratar Pedro Jota (guiño, guiño, codazo, codazo).El artículo del que les hablo dice Dos de cada tres estrenos fracasan. Y no tiene nada que ver con sexo, sino con el tema de este blog. Que es la tele, no el sexo. ¿Alguien pensaba lo contrario? Qué raros son ustedes.
Dejando aparte que el primer párrafo contradice el título (“en los estrenos el número de fracasos siempre será, al menos, tres veces superior al de los éxitos”), repasan alegremente los estrenos de la temporada en las cadenas españolas. Ahora sé lo que siente mi abuela al mirar las esquelas del ABC. Las esquelas, qué género publicitario. ¿Qué sentido tiene anunciar a unos señores que ya están muertos? Por lo menos cuando Telecinco promocionó De repente los Gómez todavía pensaban que tendría recorrido. Los pobres.
Lo primero que llama mi atención es el escaso número de estrenos de este año. Y yo que pensaba que me estoy hinchando a ver series de la BBC por un ataque de cultura… Pero lo que destaca sobre todo en el capítulo de fracasos son las series: según el artículo, ningún título nuevo ha sobrevivido más allá de unas pocas emisiones. Quizá eso explica que las que funcionan como tiros son las miniseries. Mi teoría es que hemos abandonado la familia tradicional por culpa de los gays y hemos perdido la capacidad de compromiso para sustituir éste por relaciones de una sóla noche que acaban, idefectiblemente en aborto. ¿Ven por qué no debo leer otros diarios? Soy tan influenciable…
Y así termina otro post de relleno para esos días en los que están todos ustedes más pendientes de rellenarse a sí mismos en cenas pantagruélicas que de nosotros, pobres juntaletras sin proteínas. Si pretenden rellenar a otros después de las campanadas, es cosa suya. Lo único que no se olviden de hacerse la manicura antes de salir, que luego vienen los disgustos.
Jo, me siento como Antonio Gasset.
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Published Inocentadas varias.
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Published Los héroes de Chonilandia.
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Published Los héroes de Chonilandia.
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I favorited a YouTube video — Chinese Backstreet Boys – Love Me http://youtu.be/DNjVHmN7uco?a [fraguelsrock]
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José I favorited a YouTube video — Chinese Backstreet Boys – Love Me http://youtu.be/DNjVHmN7uco?a.
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Published El jodido ala oeste.
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En esta casa somos muy de El ala oeste (de la Casa Blanca), entre otras cosas porque tiene un genial diálogo entre los personajes ficticios menos realistas de la televisión: el abnegado e idealista presidente de los Estados Unidos Bartlett imprecando en latín a Dios. Aquí no podríamos hacer creíble ni una bronca entre sus subalternos, Zapatero y Rouco.
Pues si El ala oeste nos atrapa por todo lo que tiene de idealismo y de políticos desviviéndose por salvar el mundo y de latín, The thick of it engancha por todo lo contrario. En esta serie los políticos son torpes, egoístas y sólo se preocupan por conservar el poder y quedar bien en las fotos. Por supuesto, cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.
En realidad, The thick of it es una especie de crossover entre El ala oeste y The office, pero la original, la de Ricky Gervais. De ésta hereda el formato de falso documental y el retrato descarnado y cáustico de sus personajes. De la Casa Blanca según Aaron Sorkin se trae unos diálogos frenéticos en los que las agudezas y el ingenio se convierten en las más desternillantes piruetas verbales en cuestión de tacos y juramentos. Ambos aspectos se juntaron en unas grabaciones con bastante espacio para las improvisaciones. Cuanto más escribo sobre esta serie, más me parece que soy un fan de Salvamé reprimido.
A veces los personajes parecen demasiado pasados de rosca en su desapego por los deberes propios de sus cargos y quizá el exceso de caricaturización puede restar efectividad al humor. Pero luego se redimen con los gestos más humanos, como ese ministro que reconoce que el único momento en el que se relaja es cuando consigue escaparse a actuar con el método de José Coronado. Lo que mi abuela llamaba “obrar” y alguno de ustedes conocerá como “liberar a Willy”.
El gran acierto de la serie es el personaje de Malcolm Tucker, director de comunicaciones del Gobierno y pesadilla de todo el mundo por debajo del Primer Ministro. Basado en Alastair Campbell, director de comunicaciones y estrategia de Tony Blair, parece el tipo capaz de hacer llorar a Risto Mejide, Gregory House y Condoleezza Rice. Seguramente Pepe Blanco se le resistiría un poco.
Uno es Tucker, el que controla a los medios de comunicación y el otro un ministro. Adivinen quién es quién
Por cierto que llegué a The thick of it gracias a In the loop, un curioso experimento que consiste en coger el espíritu y alguno de los personajes de la serie y ponerlos en una película sobre cómo se gestó la invasión de Irak. Se supone que es una comedia sobre unos cuantos patanes vestidos con trajes y uniformes, pero lo cierto es que da mucho miedo cuando sales pensando: “fue exactamente así”. Aunque sólo salen americanos e ingleses porque el tercero de la foto hubiera sido llevar la caricatura demasiado lejos.
Hay personajes que son, sencillamente, increíbles.
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Published Inocentadas varias.
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Published Los héroes de Chonilandia.
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Published Los héroes de Chonilandia.
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Por si alguno hay que no vaya del título a los comentarios directamente para insultarme, aclaro: hola, me llamo Anómalo y vivo en Chonilandia. “Hola, Anómalo”, contestan a coro. En este barrio hay locales especializados en hacer murales sobre uñas postizas (o no), más tiendas de chinos que, probablemente, chinos y en el supermercado le piden por megafonía al señor Johnny que acuda a caja tres. Aquí vemos Aída como quien mira un documental y Gran Hermano sí es un experimento sociológico, aunque no el que pretende Meredes Milá.
En un barrio en el que para un joven es más fácil meterse en líos que cualquier otra cosa, imagínense lo que sería un grupo de chavales con superpoderes. Y si no, no lo imaginen, que ya se han encargado de pensar por nosotros los ingleses. Qué momento más bello para los nostálgicos de la era Aznar.
Esta es básicamente la historia de Misfits, una serie de seis episodios que ha podido verse estas semanas en el E4 inglés y que ya promete volver el año que viene. Una pequeña joyita que por momentos recuerda a lo mejor de la edad de bronce del cómic americano. Estoy pensando en la Patrulla-X de Chris Claremont, para los frikis del lugar. Que por eso mismo, dirán que no tengo ni idea.
Para quién las haya visto, el comentario generalizado es que se trata de una especie de cruce entre Skins y Smallville. En el fondo, los superpoderes sirven para poco más que poner en marcha las historias, pero quedan muy lejos de ser el conflicto principal de los personajes. Por eso Misfits puede ser una serie redonda y Heroes se queda por el camino. Aunque unos se gasten una millonada en efectos especiales y otros nos convenzan de que un personaje es invisible porque se pone delante de otro y éste hace como que no lo ve. Superpoderes de barrio, oiga.
En la serie inglesa, nos pasamos el primer capítulo esperando que hagan saltar rayos o que levanten coches con el pulgar. Pero a medida que avanza la serie, nos va a interesar más por qué los protagonistas tienen una condena de trabajos comunitarios. Preferimos ver cómo se enfrentan a las drogas, el sexo o la soledad antes que una ensalada de mamporros o biorrayos lanzados contra un villano que no se ha enterado de que el mundo ya lo conquistó Google.
El drama de estos chavales tan descolocados y enfrentados a enemigos tan terribles como una especie de trasunto de HazteOir (y esta frase es exclusivamente para hincharme a visitas y comentarios bien razonados) está muy bien matizado por un sentido del humor ácido como Sacha Baron Cohen chupando un cesto de limones. Haciendo equilibrios entre estos dos aspectos, los guionistas encajan pequeñas tramas de misterio que enganchan mejor que cualquier giro sorprendente de último segundo. Y eso que menudo cliffhanger dejan al final de la temporada.
De todos los capítulos, presten especial atención a los pares. El segundo tiene momentos desternillantes para explicar un trasfondo bastante más serio. El cuarto recuerda por momentos a lo mejor de Corre, Lola, corre y el sexto hace auténticos malabares con todos los elementos que tienen los guionistas a su disposición.
Mientras alguien se decide a emitir aquí esta pequeña gran serie, les recuerdo que lo más parecido que tenemos nosotros a los adolescentes con poderes de Misfits es a Blanca Romero “volando” al final de Física o química. Las comparaciones se las dejo a ustedes.
Por si alguno hay que no vaya del título a los comentarios directamente para insultarme, aclaro: hola, me llamo Anómalo y vivo en Chonilandia. “Hola, Anómalo”, contestan a coro. En este barrio hay locales especializados en hacer murales sobre uñas postizas (o no), más tiendas de chinos que, probablemente, chinos y en el supermercado le piden por megafonía al señor Johnny que acuda a caja tres. Aquí vemos Aída como quien mira un documental y Gran Hermano sí es un experimento sociológico, aunque no el que pretende Meredes Milá.
En un barrio en el que para un joven es más fácil meterse en líos que cualquier otra cosa, imagínense lo que sería un grupo de chavales con superpoderes. Y si no, no lo imaginen, que ya se han encargado de pensar por nosotros los ingleses. Qué momento más bello para los nostálgicos de la era Aznar.
Esta es básicamente la historia de Misfits, una serie de seis episodios que ha podido verse estas semanas en el E4 inglés y que ya promete volver el año que viene. Una pequeña joyita que por momentos recuerda a lo mejor de la edad de bronce del cómic americano. Estoy pensando en la Patrulla-X de Chris Claremont, para los frikis del lugar. Que por eso mismo, dirán que no tengo ni idea.
Para quién las haya visto, el comentario generalizado es que se trata de una especie de cruce entre Skins y Smallville. En el fondo, los superpoderes sirven para poco más que poner en marcha las historias, pero quedan muy lejos de ser el conflicto principal de los personajes. Por eso Misfits puede ser una serie redonda y Heroes se queda por el camino. Aunque unos se gasten una millonada en efectos especiales y otros nos convenzan de que un personaje es invisible porque se pone delante de otro y éste hace como que no lo ve. Superpoderes de barrio, oiga.
En la serie inglesa, nos pasamos el primer capítulo esperando que hagan saltar rayos o que levanten coches con el pulgar. Pero a medida que avanza la serie, nos va a interesar más por qué los protagonistas tienen una condena de trabajos comunitarios. Preferimos ver cómo se enfrentan a las drogas, el sexo o la soledad antes que una ensalada de mamporros o biorrayos lanzados contra un villano que no se ha enterado de que el mundo ya lo conquistó Google.
El drama de estos chavales tan descolocados y enfrentados a enemigos tan terribles como una especie de trasunto de HazteOir (y esta frase es exclusivamente para hincharme a visitas y comentarios bien razonados) está muy bien matizado por un sentido del humor ácido como Sacha Baron Cohen chupando un cesto de limones. Haciendo equilibrios entre estos dos aspectos, los guionistas encajan pequeñas tramas de misterio que enganchan mejor que cualquier giro sorprendente de último segundo. Y eso que menudo cliffhanger dejan al final de la temporada.
De todos los capítulos, presten especial atención a los pares. El segundo tiene momentos desternillantes para explicar un trasfondo bastante más serio. El cuarto recuerda por momentos a lo mejor de Corre, Lola, corre y el sexto hace auténticos malabares con todos los elementos que tienen los guionistas a su disposición.
Mientras alguien se decide a emitir aquí esta pequeña gran serie, les recuerdo que lo más parecido que tenemos nosotros a los adolescentes con poderes de Misfits es a Blanca Romero “volando” al final de Física o química. Las comparaciones se las dejo a ustedes.
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Published Inocentadas varias.
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Pensaba aprovechar una fecha tan señalada como la de hoy para contarles una milonga de estas graciosas, pero tal y cómo están los medios de comunicación últimamente, ¿quién necesita que el calendario le dé una excusa? Aprovecho para preguntarme si El Mundo Today será hoy el medio más fiable del panorama español (como cualquier otro día).
Lo malo de intentar colarles inocentadas sobre el mundo de la televisión, es que las noticias de verdad nos lo ponen muy complicado. Sobre todo en el año en que Telecinco se comió a Cuatro y en el que se decidió que la televisión pública no emitiría más anuncios, mientras el límite para los demás se fijaba en 19 minutos por hora. Viene a ser como lo que nos ha pasado a los madrileños con el billetazo: los que compramos el abono de diez financiamos con una subida del 22% que las demás tarfias se queden congeladas. Su pu… Ay, se me acaba el párrafo.
En estos doce meses, un redactor de agencias aburrido nos hizo creer que a Jorge Javier Vázquez sus compañeros de profesión le consideraban el mejor presentador del año y los organizadores de los Ondas tuvieron que darle el premio para que no se notara el gol. Fue el mismo redactor que consiguió una mejora salarial para Pilar Rubio, anunciando su fichaje estrella por Telecinco para presentar… er… algo.
Cuando intenten descubrir si los diarios se la están metiendo doblada hoy haciéndose los simpáticos, acuérdense de que este año también hemos tenido varios titulares que podrían simplificarse en: “Un humorista hace una broma que hace gracia a unos y a otros no”. Si esto es noticia, es que algo falla en nuestro sentido del humor. O en nuestro sentido de lo que es noticia.
Si pienso en gastarles una inocentada se me ocurre, por ejemplo, hablarles de un octogenario fichado para renovar el mercado de la televisión. O que, en términos relativos, la cadena en la que más cuota de pantalla tuvo el mensaje de Navidad del rey fue la ETB2, lo que deja viejo al lehendakari negro de Airbag.
Así las cosas, me temo que el único que puede ayudarme a acabar esta entrada en algo es el tipo que puso algo de cordura en el affaire Wyoming-Tertsch:
Ojo, que Chuck Norris aprueba a Dimitri
Que por cierto, también es consejero privilegiado del Gobierno.
Y ahora me voy intranquilo: a ver si esto tampoco me lo he inventado yo.
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Published Inocentadas varias.
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Pst. Oigan. Mantengan este post entre nosotros, no lo vayan contando por ahí, que les voy a enlazar un artículo de El Mundo. No se chiven, ¿eh? No es porque me vayan a echar de Público. ¡Qué va! Pero me da mucho miedo que me quiera contratar Pedro Jota (guiño, guiño, codazo, codazo).El artículo del que les hablo dice Dos de cada tres estrenos fracasan. Y no tiene nada que ver con sexo, sino con el tema de este blog. Que es la tele, no el sexo. ¿Alguien pensaba lo contrario? Qué raros son ustedes.
Dejando aparte que el primer párrafo contradice el título (“en los estrenos el número de fracasos siempre será, al menos, tres veces superior al de los éxitos”), repasan alegremente los estrenos de la temporada en las cadenas españolas. Ahora sé lo que siente mi abuela al mirar las esquelas del ABC. Las esquelas, qué género publicitario. ¿Qué sentido tiene anunciar a unos señores que ya están muertos? Por lo menos cuando Telecinco promocionó De repente los Gómez todavía pensaban que tendría recorrido. Los pobres.
Lo primero que llama mi atención es el escaso número de estrenos de este año. Y yo que pensaba que me estoy hinchando a ver series de la BBC por un ataque de cultura… Pero lo que destaca sobre todo en el capítulo de fracasos son las series: según el artículo, ningún título nuevo ha sobrevivido más allá de unas pocas emisiones. Quizá eso explica que las que funcionan como tiros son las miniseries. Mi teoría es que hemos abandonado la familia tradicional por culpa de los gays y hemos perdido la capacidad de compromiso para sustituir éste por relaciones de una sóla noche que acaban, idefectiblemente en aborto. ¿Ven por qué no debo leer otros diarios? Soy tan influenciable…
Y así termina otro post de relleno para esos días en los que están todos ustedes más pendientes de rellenarse a sí mismos en cenas pantagruélicas que de nosotros, pobres juntaletras sin proteínas. Si pretenden rellenar a otros después de las campanadas, es cosa suya. Lo único que no se olviden de hacerse la manicura antes de salir, que luego vienen los disgustos.
Jo, me siento como Antonio Gasset.











