Y voto Sí en conciencia al derecho a decidir de las mujeres mayores de 16 por Coherencia.< ?xml:namespace prefix = o ns = "urn:schemas-microsoft-com:office:office" />
Por coherencia con la actual legislación en materia de salud. La legislación actual ya reconoce a una mujer de 16 años el derecho a decidir sobre todas las cuestiones médicas que le atañen, salvo tres excepciones: aborto, técnicas de reproducción asistida y ensayos clínicos. Por ejemplo, una mujer de 16 años con cáncer puede decidir sobre si lo trata o no (es decir, puede decidir sobre su vida), también puede decidir si se somete a cualquier tipo de intervención quirúrgica (puede decidir si recibe un transplante o no, si dona un órgano, si se somete a una operación a corazón abierto…). En definitiva, actualmente, puede decidir sobre todo lo que le afecta en su vida y en su salud, pero no sobre su maternidad. En este caso, la sociedad le dice que decida un tercero por ella.
Por coherencia en el ámbito de las responsabilidades laborales. Una mujer de 16 años emancipada pueda decidir sobre su futuro académico y profesional, abandonar sus estudios e incorporarse al mercado laboral. De modo que asume todo tipo de responsabilidades fiscales, laborales, sociales. El Estado le reconoce capacidad para todo, menos para decidir sobre su propia maternidad.
Por coherencia en el ámbito de las responsabilidad penal. Porque una mujer de 16 años es considerada suficientemente madura para ser responsable penal de sus actos, y como se consecuencia de ello puede ser internada en un centro de menores si comete un delito, tal y como ocurriría en estos momentos si se sometiera a una interrupción voluntaria del embarazo fuera de los casos permitidos por < ?xml:namespace prefix = st1 ns = "urn:schemas-microsoft-com:office:smarttags" />
Por coherencia en el reconocimiento de derechos sexuales. El Derecho penal reconoce que a los 13 años un menor tiene madurez suficiente para decidir sobre su sexualidad, por lo tanto, parece razonable que también se reconozca la facultad para tomar decisiones sobre las consecuencias de sus relaciones sexuales, y por tanto para decidir sobre su maternidad.
Por coherencia en el ámbito de las responsabilidades y derechos reconocidos en el Código Civil. Según el Código Civil, una mujer de 16 años puede casarse si está emancipada, y sin embargo a esa misma mujer no se le reconoce el derecho a decidir sobre su propia maternidad.
Por respeto al derecho a la intimidad y a la libertad de las mujeres jóvenes. Para una mujer de 16 años, la interrupción voluntaria del embarazo es un derecho personalísimo que afecta a su intimidad y a su libertad, por lo que debería estar excluido del ejercicio de la patria potestad, tal y como establece el Código Civil en su artículo 162.1.
Por conseguir Derechos y obligaciones al mismo nivel de exigencia. Una mujer de 16 años será responsable y tendrá más y mejor capacidad de decisión si está mejor informada y educada por la sociedad y su entorno. Es una responsabilidad de todos, Administraciones Públicas, educadores, padres, y de ellos mismos conseguir que jóvenes y adolescentes estén a la altura de lo que se espera de ellos, y esto pasa por situar derechos y obligaciones a un mismo nivel de exigencia, por dotarles de las herramientas para elegir, y elegir bien, y hacerles saber que su futuro dependen fundamentalmente de las decisiones que tomen, porque para eso reclaman para sí respeto y confianza.
Porque la falta de decisión provoca clandestinidad. Una mujer de 16 años necesita que se respeten y tengan en cuenta sus decisiones. En caso de que esto no ocurra, que no tenga ni voz ni voto a la hora de decidir sobre su propio presente y futuro, puede darse el caso de que recurra a “soluciones” que pueden poner en peligro su propia integridad física y psíquica.
Porque las jóvenes han de ser y sentirse responsables de su propio futuro. Se trata de una medida pensada para casos extremos. La mayoría de las mujeres de 16 años no querrán estar desamparada y pasar solas por una interrupción del embarazo, pero en el caso de que sus circunstancias familiares, morales o ideológicas la obliguen a tomar una decisión de esas características en solitario, necesitará el respaldo de la ley y de la sociedad.
Por confianza. La confianza y el respeto mutuo han de ser la base de las relaciones intergeneracionales. Es necesario que los adultos, que la sociedad en general, que considera a las mujeres mayores de 16 años responsables de la mayor parte de sus actos confíe en su capacidad para tomar una decisión trascendental y que afecta directamente a su futuro. Mostrar confianza en la madurez de aquéllas a las que se les pide que se comporten de forma responsable y madura.













