Un guionista hace la parte menos lucida del proceso audiovisual: escribir. Es un trabajo de mierda porque el buen profesional tiene que desaparecer detrás de sus personajes, dejar las cosas pulcras para que el director brille y redactar palabras facilitas para que los actores no se traben (y eso a veces es un reto). Encima no aparece ni en el rodaje ni en la promoción. Hasta los eléctricos son más visibles en el proceso de producción audiovisual. Sobre todo cerca del puesto de catering.
Por eso mismo, el Ministerio de Cultura pensó que tampoco era muy importante tomarles muy en serio a la hora de desarrollar la nueva Ley del Audiovisual: “Deje, deje, señá ministra, que luego estos guionistas son muy ladinos y en seguida nos lían”. A lo que González-Sinde contestó, arrobada: “Oiga, que yo soy guionista”. Y le replicaron: “Por eso, por eso”.
Y como estos escritores tienen poco impacto mediático (nombren en menos de cuatro horas y sin Google cinco guionistas de cine españoles), su sindicato, ALMA, dio palmas con las orejas cuando un diario no sólo les escuchó, sino que además les ofreció un espacio de 200 palabras para expresar su sentir en su edición de papel. ¡Ay, pero ese medio era La Gaceta, del grupo Intereconomía! Y no les gustó lo que dijeron los rojos, titiriteros y panzas agradecidas, que defendían las subvenciones y seguro que lanzaban maléficas consignas a favor del aborto en forma subliminal. Así que no lo pusieron. Qué falta de elegancia. Si alguien incómodo escribe para ti, le invitas a irse o le mandas de corresponsal a algún sitio chungo, pero llamar a uno incómodo de fuera sólo para echarle está feo.
Pero ¿quién iba a sospechar que un sindicato escribiría sobre algo como “un convenio colectivo” o ayudas al sector? ¿Por qué no se limitan a atacar a la ministra esa que está en contra de las descargas (que son modernas y guays) y a favor de los derechos de autor (buuuuu)? Al final va a resultar que estos guionistas son unos curritos que no quieren más que lo que cualquier otro miembro de la clase obrera: un poquito de dignidad y poder vivir de su trabajo.

Ser guionista es tan fácil, que le dan emoción combinándolo con el contorsionismo
Imaginen cómo está una profesión a cuyo sindicato le encargan un artículo, hace dos versiones gratis y aún así descartan su trabajo sin mayor problema.
Les copipasteo el texto rechazado por La Gaceta desde el bello post al respecto de Latelequemepario. La primera versión, cuando ALMA entendió que el diario pedía 2.000 palabras, y una explicación del asunto mucho más clara que la mía, la encontrarán en el blog de El Guionista Hastiado, a la sazón miembro de la jutna directiva del sindicato.
Con qué sueñan los guionistas
Los guionistas no sólo sueñan con ovejas eléctricas. Sueñan con que les paguen por su trabajo, un dinero digno a ser posible. Sueñan con tener la importancia y el respeto que se han ganado otros ramos del sector como la interpretación o la dirección de fotografía. Sueñan con un Convenio Colectivo firmado por sus representantes legítimos y no por sindicatos mayoritarios que ni conocen el sector, ni tienen afiliados en él. Sueñan con que sus historias tengan la misma promoción y distribución que las de otros soñadores de más lejos.
Cuando los guionistas leímos la Ley del Cine, que se hizo sin contar con nosotros, vimos que nuestros sueños iban a seguir flotando durante mucho, mucho tiempo. Era una ley continuista, que no entraba en la distribución o en la exhibición o en la formación y que mencionaba al guionista de forma tangencial. Pero tenía un aspecto positivo que podría al menos evitar la pesadilla de “Soy un pelele”. La productora de esta película contrató al director y al equipo técnico por muy poco dinero, tal vez pensando que como no iban a pagarles no tenía sentido crearles demasiadas expectativas. Sin embargo la productora ha hecho un estreno testimonial para intentar conseguir la ayuda a película realizada. La nueva Orden Ministerial obliga al productor a justificar los pagos del equipo antes de poder acceder a la ayuda y además se creará una lista donde irán las productoras fraudulentas.
Pero los guionistas profesionales no sólo sueñan los que les dice el productor o la cadena de televisión. Tienen muchas otras ideas, raras, o buenas, o divertidas. El Ministerio de Cultura daba todos los años 25 ayudas para que los guionistas, por su cuenta y riesgo, inventaran las historias que rebotaban en sus cerebros. Estas ayudas permitían a los guionistas dedicarse un tiempo corto a contar su sueño en un guión, pero eran sólo ellos los que lo veían. De todos los guiones que han recibido ayuda ni el diez por ciento ha llegado a la pantalla.
Con la nueva Orden Ministerial se pasa de 25 a 15 ayudas, de mayor cuantía, para que el guionistas pueda concentrarse más en su sueño. Además el guión que reciba estas ayudas tendrá más puntos en las ayudas a desarrollo y en las de realización, haciendo que los proyectos que subvencione el Ministerio tengan posibilidades reales de llegar a la pantalla.
Los guionistas no somos escritores, un guión no es una obra artística, pero es la pieza fundamental para que ésta se realice. Las ayudas al guión tienen que reflejarse en la industria, no en unos cuantos afortunados que ven como sus historias se corrompen en algún backup durante años. Quedan cosas difíciles por concretar, pero si cada año se hacen en España quince películas originadas en la cabeza de un guionista veremos realmente con que sueñan nuestros guionistas. Y puede que esos sueños se parezcan más a lo del espectador que los de un ejecutivo de televisión, los de un experto en marketing o los de un productor. Y puede que los espectadores que devoran las teleseries y los programas escritos por guionistas españoles vuelvan al cine a ver nuestras películas. Pero esto es sólo otro sueño de guionista.
Carlos Molinero. Vicepresidente de ALMA(Autores Literarios de Medios Audiovisuales).