Escrito el Lunes, 6 de Julio de 2009 por Anómalo a las 13:04 h.
 


Palacio de la Moncloa. Int/Día.

- Presi, nadie quiere que quites los anuncios de TVE.

- Hombre, María Teresa, digo yo que alguien querrá, que si no, no entiendo por qué lo estamos haciendo.

- No, ni tú ni nadie lo entiende. Pero que sepas que tenemos en contra a los trabajadores, a los anunciantes, a casi todo el Parlamento y a Imanol Arias.

- ¿A quién has dicho?

- ¿Casi todo el Parlamento?

- No, no. Importante.

- Ah, a Imanol Arias.

- Jo. Pues nada, habrá que darle marcha atrás.

- Vale. Y con Garoña, ¿qué hacemos?

- Yo qué sé. Pregúntale a Francis Lorenzo.

Este inquietante sketch proviene de las declaraciones de Imanol Arias que dice que si TVE quita la publicidad, él se va de Cuéntame. Creo que está el comité de empresa de la corporación ojiplático y no sabiendo si decir que “de qué va éste” u “olé sus huevos”.

Resumo: el bueno de Imanol dice que él se lo lleva muerto y no piensa cobrar ni una olivita de catering menos de lo que se levanta ahora. Con eso en mente, le preocupan dos cosas: por un lado ganar menos y por otro sacar la misma tajada y que los medios digan de él que es “un sinvergüenza y que me llevo tanto dinero del erario público”. El pobre Imanol debe hacer mucho rato que no mira cuestiones de deuda de RTVE y esas cosas.

Dejando de lado que lo del señor Arias huele a chamusquina lo mires por dónde lo mires, lo cierto es que pone de relevancia cuestiones fundamentales de la eliminación de publicidad de la corporación propuesta por el Gobierno. Por ejemplo, productos como Cuéntame que podrían ser sumamente rentables para la empresa privada y que por ello tienen su supervivencia asegurada, ¿tienen sentido en la nueva TVE? De hecho, ¿tiene sentido cualquier programa rentable que pudiera acoger una cadena de la competencia? ¿Algún político se ha parado a pensar que hay televisión más allá del Telediario y el fútbol?

No son las únicas preguntas en el aire, claro. Queda por saber qué pasará con las series que lleven product placement. ¿Y las películas? ¿Puede TVE emitir cualquier film de James Bond con sus coches, relojes y bebidas perfectamente emplazados? ¿Y qué pasa con los patrocinios de eventos deportivos como olimpiadas o Liga de campeones? No me refiero a los carteles en los campos, sino a los spots obligatorios que tiene que pasar la cadena propietaria de los derechos.

No sé si lo he comentado aquí alguna vez, pero yo también me opongo a la retirada de toda la publicidad. Soy así de chulo. ¿Por cuestiones económicas? En parte. Pero sobre todo porque debo de ser tontaco y creo que las pausas publicitarias forman parte de la sintaxis televisiva.

Como si a mí me quitaran los puntos suspensivos…

Sin comentarios

Escrito el Lunes, 6 de Julio de 2009 por Anómalo a las 11:54 h.
 

Ay, qué difícil es titular un post sobre el nuevo estreno de la HBO. La serie es Hung, palabra que coloquialmente significa algo así como ansioso o nervioso. Y más coloquialmente aún, alude a una persona de grandes genitales. Pero como no iba a poner “pollón” en el título…

Lo suyo es esperar un par de capítulos antes de comentar una serie, pero a veces ocurre que el piloto es tan bueno que me lanzo a recomendárosla. Que no tiene nada que ver que tampoco hubiera otra cosa interesante que comentar hoy, ¿eh? Que es buena.

No sé si os pasa que los perdedores os parecen siempre los personajes más interesantes o no sois del Atleti. En Hung no sólo hay un gran perdedor, sino que además resulta que era el típico chico popular del instituto, el atleta, el que se llevaba a la reina del baile y que ahora está al borde de convertirse en un secundario de Me llamo Earl. Así que se unen el atractivo del perdedor y el revanchismo, que nos gusta. Un día, nuestro protagonista tiene que mirarse al ombligo para descubrir cuál era el secreto de su éxito. Y así ve de refilón que lo que le hizo grande sigue estando allí, listo para encabezar (en púrpura) su resurgir.

Lo que tenemos entre manos es una dramedia como la copa de un pino. Y aquí no pretendía hacer un juego de palabras, ¿eh?. Lo mismo que les comentaba el otro día con Nurse Jackie, es humor surgido de la situación y no de los chistes. Como la vida misma, ¿o no ven telediarios?

Si los cimientos de una comedia son los personajes, Hung tiene una buena base sobre la que crecer. Son patéticos en la justa medida para no dejar de ser creíbles, al contario que le pasa a Earl y familia. De alguna forma, te ríes con ellos, no de ellos.

Al guión, tan bien medido, se le suma en el piloto la dirección de Alexander Payne, el director de A propósito de Schmidt y Entre copas. Incluso el protagonista, Thomas Jane, está bien. Y eso que el anterior trabajo que le conocíamos era El castigador. Tampoco esto es un juego de palabras, ¿eh?

Con un capítulo, puedo decir que las perspectivas son grandes. Eso sí, tendremos que ver cómo crece para… argh, es imposible escribir este post. Sé que cada cosa que escribo la leen con su mente sucia buscando dobles sentidos. Y lo sé porque yo lo hago. Así que vean la serie y ya me cuentan si les llena o… Diablos.

Sin comentarios

Escrito el Lunes, 6 de Julio de 2009 por Anómalo a las 11:54 h.
 

No sé ustedes, pero yo creo que si no fuera por Las noticias del Guiñol, El intermedio, Polònia o (negaré haber escrito esto) Los clones, hace tiempo que nos habríamos lanzado a las barricadas. Como dice George Schlatter en la serie de las que les vengo a hablar hoy: “deberíamos atesorar a nuestros cómicos mucho más de lo que hacemos, ya que contribuyen a la sociedad mucho más de lo que parecen”.

Claro, que Schlatter es productor, así que a lo mejor se refiere a una cuestión fiscal.

Los americanos tienen más clara la importancia fundamental de sus cómicos, tal y como demuestran las administraciones Bush, Reagan y Schwarzenegger. Es por eso que la PBS les ha dedicado una bella serie documental: Make ‘em laugh. Por aquello del sentido del humor, en España se ha traducido como Los reyes de la comedia y se estrena en Canal + el domingo 5 de julio a las 21:30. ¡Un documental en prime time! Estos sí que son unos cachondos.

Tengo sentimientos encontrados con esta serie. Es una oportunidad estupenda para profundizar en la comedia americana y entender fenómenos como Steve Martin. Nunca había entendido la fama de este señor hasta que le he visto actuar en directo ante un estadio lleno hasta la bandera. Es el mismo fenómeno que ha ocurrido con otros cómicos como Will Ferrell, Eddie Murphy o Chris Rock, por citar algunos. Gente supuestamente graciosa, pero que aquí sólo hemos visto hollywoodizados y que no entendemos de dónde viene su prestigio. Resulta que te partes de risa con ellos hasta que dejan los chistes en manos de otros y se limitan a llevárselo muerto.

Merece la pena que esta serie se emita en España aunque sólo sea porque podamos descubrir personajes como Phyllis Diller (¡la voz de la madre de Peter Griffin!), que desde los años 60 nos da una lección de humor inteligente y trasgresor. O series como All in the family, que, producida en los 70, haría sonrojarse a cualquier guionista actual de South Park.

Lo malo de esta serie sobre el humor de los últimos cien años en Estados Unidos es que es americana. Eso significa que todas las personas de las que se habla son maravillosas. Esa costumbre tan yanki de hacer hagiografías en lugar de documentales. Si hicieran algo parecido con Charles Mason oiríamos cosas del tipo: “oh, era un gran asesino en serie. Quiero decir: transmitía… ya sabes, tenía toda esa pasión que contagiaba a los demás. Era imposible estar con él y no querer mater gente”.

Y luego que sí: que Seinfeld es la leche y que Robin Williams no necesita hacer de actor serio para ser uno de los grandes. Vale. Pero vosotros nunca tuvisteis a Gila.

Plebeyos.

Sin comentarios


Palacio de la Moncloa. Int/Día.

- Presi, nadie quiere que quites los anuncios de TVE.

- Hombre, María Teresa, digo yo que alguien querrá, que si no, no entiendo por qué lo estamos haciendo.

- No, ni tú ni nadie lo entiende. Pero que sepas que tenemos en contra a los trabajadores, a los anunciantes, a casi todo el Parlamento y a Imanol Arias.

- ¿A quién has dicho?

- ¿Casi todo el Parlamento?

- No, no. Importante.

- Ah, a Imanol Arias.

- Jo. Pues nada, habrá que darle marcha atrás.

- Vale. Y con Garoña, ¿qué hacemos?

- Yo qué sé. Pregúntale a Francis Lorenzo.

Este inquietante sketch proviene de las declaraciones de Imanol Arias que dice que si TVE quita la publicidad, él se va de Cuéntame. Creo que está el comité de empresa de la corporación ojiplático y no sabiendo si decir que “de qué va éste” u “olé sus huevos”.

Resumo: el bueno de Imanol dice que él se lo lleva muerto y no piensa cobrar ni una olivita de catering menos de lo que se levanta ahora. Con eso en mente, le preocupan dos cosas: por un lado ganar menos y por otro sacar la misma tajada y que los medios digan de él que es “un sinvergüenza y que me llevo tanto dinero del erario público”. El pobre Imanol debe hacer mucho rato que no mira cuestiones de deuda de RTVE y esas cosas.

Dejando de lado que lo del señor Arias huele a chamusquina lo mires por dónde lo mires, lo cierto es que pone de relevancia cuestiones fundamentales de la eliminación de publicidad de la corporación propuesta por el Gobierno. Por ejemplo, productos como Cuéntame que podrían ser sumamente rentables para la empresa privada y que por ello tienen su supervivencia asegurada, ¿tienen sentido en la nueva TVE? De hecho, ¿tiene sentido cualquier programa rentable que pudiera acoger una cadena de la competencia? ¿Algún político se ha parado a pensar que hay televisión más allá del Telediario y el fútbol?

No son las únicas preguntas en el aire, claro. Queda por saber qué pasará con las series que lleven product placement. ¿Y las películas? ¿Puede TVE emitir cualquier film de James Bond con sus coches, relojes y bebidas perfectamente emplazados? ¿Y qué pasa con los patrocinios de eventos deportivos como olimpiadas o Liga de campeones? No me refiero a los carteles en los campos, sino a los spots obligatorios que tiene que pasar la cadena propietaria de los derechos.

No sé si lo he comentado aquí alguna vez, pero yo también me opongo a la retirada de toda la publicidad. Soy así de chulo. ¿Por cuestiones económicas? En parte. Pero sobre todo porque debo de ser tontaco y creo que las pausas publicitarias forman parte de la sintaxis televisiva.

Como si a mí me quitaran los puntos suspensivos…

Pichón (por no decir poll…)

Lunes, 6 de Julio de 2009

Ay, qué difícil es titular un post sobre el nuevo estreno de la HBO. La serie es Hung, palabra que coloquialmente significa algo así como ansioso o nervioso. Y más coloquialmente aún, alude a una persona de grandes genitales. Pero como no iba a poner “pollón” en el título…

Lo suyo es esperar un par de capítulos antes de comentar una serie, pero a veces ocurre que el piloto es tan bueno que me lanzo a recomendárosla. Que no tiene nada que ver que tampoco hubiera otra cosa interesante que comentar hoy, ¿eh? Que es buena.

No sé si os pasa que los perdedores os parecen siempre los personajes más interesantes o no sois del Atleti. En Hung no sólo hay un gran perdedor, sino que además resulta que era el típico chico popular del instituto, el atleta, el que se llevaba a la reina del baile y que ahora está al borde de convertirse en un secundario de Me llamo Earl. Así que se unen el atractivo del perdedor y el revanchismo, que nos gusta. Un día, nuestro protagonista tiene que mirarse al ombligo para descubrir cuál era el secreto de su éxito. Y así ve de refilón que lo que le hizo grande sigue estando allí, listo para encabezar (en púrpura) su resurgir.

Lo que tenemos entre manos es una dramedia como la copa de un pino. Y aquí no pretendía hacer un juego de palabras, ¿eh?. Lo mismo que les comentaba el otro día con Nurse Jackie, es humor surgido de la situación y no de los chistes. Como la vida misma, ¿o no ven telediarios?

Si los cimientos de una comedia son los personajes, Hung tiene una buena base sobre la que crecer. Son patéticos en la justa medida para no dejar de ser creíbles, al contario que le pasa a Earl y familia. De alguna forma, te ríes con ellos, no de ellos.

Al guión, tan bien medido, se le suma en el piloto la dirección de Alexander Payne, el director de A propósito de Schmidt y Entre copas. Incluso el protagonista, Thomas Jane, está bien. Y eso que el anterior trabajo que le conocíamos era El castigador. Tampoco esto es un juego de palabras, ¿eh?

Con un capítulo, puedo decir que las perspectivas son grandes. Eso sí, tendremos que ver cómo crece para… argh, es imposible escribir este post. Sé que cada cosa que escribo la leen con su mente sucia buscando dobles sentidos. Y lo sé porque yo lo hago. Así que vean la serie y ya me cuentan si les llena o… Diablos.

Hazlos reír

Lunes, 6 de Julio de 2009

No sé ustedes, pero yo creo que si no fuera por Las noticias del Guiñol, El intermedio, Polònia o (negaré haber escrito esto) Los clones, hace tiempo que nos habríamos lanzado a las barricadas. Como dice George Schlatter en la serie de las que les vengo a hablar hoy: “deberíamos atesorar a nuestros cómicos mucho más de lo que hacemos, ya que contribuyen a la sociedad mucho más de lo que parecen”.

Claro, que Schlatter es productor, así que a lo mejor se refiere a una cuestión fiscal.

Los americanos tienen más clara la importancia fundamental de sus cómicos, tal y como demuestran las administraciones Bush, Reagan y Schwarzenegger. Es por eso que la PBS les ha dedicado una bella serie documental: Make ‘em laugh. Por aquello del sentido del humor, en España se ha traducido como Los reyes de la comedia y se estrena en Canal + el domingo 5 de julio a las 21:30. ¡Un documental en prime time! Estos sí que son unos cachondos.

Tengo sentimientos encontrados con esta serie. Es una oportunidad estupenda para profundizar en la comedia americana y entender fenómenos como Steve Martin. Nunca había entendido la fama de este señor hasta que le he visto actuar en directo ante un estadio lleno hasta la bandera. Es el mismo fenómeno que ha ocurrido con otros cómicos como Will Ferrell, Eddie Murphy o Chris Rock, por citar algunos. Gente supuestamente graciosa, pero que aquí sólo hemos visto hollywoodizados y que no entendemos de dónde viene su prestigio. Resulta que te partes de risa con ellos hasta que dejan los chistes en manos de otros y se limitan a llevárselo muerto.

Merece la pena que esta serie se emita en España aunque sólo sea porque podamos descubrir personajes como Phyllis Diller (¡la voz de la madre de Peter Griffin!), que desde los años 60 nos da una lección de humor inteligente y trasgresor. O series como All in the family, que, producida en los 70, haría sonrojarse a cualquier guionista actual de South Park.

Lo malo de esta serie sobre el humor de los últimos cien años en Estados Unidos es que es americana. Eso significa que todas las personas de las que se habla son maravillosas. Esa costumbre tan yanki de hacer hagiografías en lugar de documentales. Si hicieran algo parecido con Charles Mason oiríamos cosas del tipo: “oh, era un gran asesino en serie. Quiero decir: transmitía… ya sabes, tenía toda esa pasión que contagiaba a los demás. Era imposible estar con él y no querer mater gente”.

Y luego que sí: que Seinfeld es la leche y que Robin Williams no necesita hacer de actor serio para ser uno de los grandes. Vale. Pero vosotros nunca tuvisteis a Gila.

Plebeyos.

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