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16:04 | Publicada una entrada en el blog. |
¿Seguro que Xavier Horcajo no es un infiltrado del Follonero? Yo veo este vídeo y lo dudo:
Me encanta la encuesta: “¿La gente de izquierdas en España actúa con una doble moral?”
Con este tema no puedo hacer chistes. No porque me parezca serio, es que me veo incapaz de decir cosas más graciosas que el director de Intereconomía TV.
Horcajo es un tipo al que Beatriz Montañez, la mujer a la que dedica hermosos epítetos, tuvo que recordarle ayer que una cosa es un personaje y otra el actor que lo interpreta. Pero él no se lo cree, porque la Montañez trabaja en La Sexta y ya se sabe que todo lo que sale en esa cadena de rojos es mentira.
Así que este periodista se lanza a criticar la actitud delictiva de Wyoming en el famoso vídeo de la becaria. ¡Que era un montaje! Diálogo basado en declaraciones reales:
Horcajo: “A la gente le ha indignado ese vídeo”.
Anómalo: Porque no sabían que era mentira.
Horcajo: “Uno cuando ve en una cinta un delito no se para a pensar si la cinta se la están metiendo o se la están quitando”.
Anómalo: ¿Delito? ¡Ostrás! Horcajo, nunca te presentaré al negro que me escribe el blog. Digoooo…
Horcajo: Pero el vídeo muestra “maltrato en un tiempo difícil hacia los becarios”.
Anómalo: Pero que era un montaje.
Este es el rigor periodístico. ¿Fue juego sucio? Sucísimo. Pero los de Intereconomía se lo hubieran ahorrado con una simple llamada de teléfono: “Oye, Wyoming, tenemos un vídeo muy chungo tuyo, pero como somos unos profesionales como la copa de un pino, te llamamos para darte el derecho a réplica”. O haber respondido al remitente con un humilde: “¿quién eres?”. Pero como el periodismo no está de moda, pues nada.
También podían haber evitado todo esto no llamando puta a Beatriz Montañez.
Como dije en mi anterior post, el tiro va a Intereconomía, pero la onda expansiva nos da a todos, como pasó con la broma del Follonero el día del Gordo.
Horcajo también me da la razón en otro de mis argumentos. Dice que se lo tragaron “sin valorarlo como una de las tonterías que se hacen en ese programa”. Y esa es la clave. Si te tomas en serio un programa de humor, si crees que un humorista es tu enemigo ideológico y el foco de corrupción de la sociedad, el problema lo tienes tú.
Claro, que a lo mejor deberíamos aplicarnos nosotros el cuento también.
Me encanta Internet. Primero genera una avalancha a raíz de un canal tan ultra… er… minoritario como Intereconomía. En aproximadamente 24 horas todo el que quería atacar al Gran Wyoming o defenderle a capa y espada tenía material videográfico para argumentar su culpabilidad o su inocencia.
Al día siguiente, el lunes, se dispararon los rumores en todas las direcciones posibles. Desde la teoría de la conspiración hasta rocambolescos giros dramáticos como apuntar a la hija de Wyoming como protagonista del vídeo.
Todo era una broma, para alivio de fans y rabia de detractores (desde mi casa oímos un suspiro y un crujir de dientes simultáneo). Y Wyoming demostró que es mejor actor haciendo de sí mismo que interpretando un papel.

Yo aplaudí, qué quieren que les diga. Un poco de alivio, eso sí.
Una nueva lección de periodismo por parte de la gente que se supone que está para hacernos reír. Dice la leyenda (y las videotecas) que Jon Stewart tuvo que espetarle a un montón de periodistas serios un “ey, que soy sólo un cómico” ante la presión que ejercían sobre él por sus punzantes críticas políticas.
El intermedio nos mostró los ataques dirigidos desde Más se perdió en Cuba y, más allá de los insultos gruesos, sorprendió oír a un contertulio hablar de cómo gente como Wyoming son los que marcan la cultura y “la educación para la ciudadanía”. ¿No era que Zapatero manipulaba a los titiriteros? ¿Desde cuándo es al revés?
El coscorrón a Intereconomía fue monumental, aunque sólo los muy convencidos deben seguir creyendo en la labor periodística del grupo más allá de los números que bailan en el Ibex. Pero más allá del objetivo individual, la onda expansiva afecta a todos los medios y a las absurdas guerras entre ellos.
¿Imagináis que los medios de comunicación volvieran a dedicarse a informar? Bueno, no me hagáis caso. Yo también soy sólo un cómico. O un payaso.
¿Seguro que Xavier Horcajo no es un infiltrado del Follonero? Yo veo este vídeo y lo dudo:
Me encanta la encuesta: “¿La gente de izquierdas en España actúa con una doble moral?”
Con este tema no puedo hacer chistes. No porque me parezca serio, es que me veo incapaz de decir cosas más graciosas que el director de Intereconomía TV.
Horcajo es un tipo al que Beatriz Montañez, la mujer a la que dedica hermosos epítetos, tuvo que recordarle ayer que una cosa es un personaje y otra el actor que lo interpreta. Pero él no se lo cree, porque la Montañez trabaja en La Sexta y ya se sabe que todo lo que sale en esa cadena de rojos es mentira.
Así que este periodista se lanza a criticar la actitud delictiva de Wyoming en el famoso vídeo de la becaria. ¡Que era un montaje! Diálogo basado en declaraciones reales:
Horcajo: “A la gente le ha indignado ese vídeo”.
Anómalo: Porque no sabían que era mentira.
Horcajo: “Uno cuando ve en una cinta un delito no se para a pensar si la cinta se la están metiendo o se la están quitando”.
Anómalo: ¿Delito? ¡Ostrás! Horcajo, nunca te presentaré al negro que me escribe el blog. Digoooo…
Horcajo: Pero el vídeo muestra “maltrato en un tiempo difícil hacia los becarios”.
Anómalo: Pero que era un montaje.
Este es el rigor periodístico. ¿Fue juego sucio? Sucísimo. Pero los de Intereconomía se lo hubieran ahorrado con una simple llamada de teléfono: “Oye, Wyoming, tenemos un vídeo muy chungo tuyo, pero como somos unos profesionales como la copa de un pino, te llamamos para darte el derecho a réplica”. O haber respondido al remitente con un humilde: “¿quién eres?”. Pero como el periodismo no está de moda, pues nada.
También podían haber evitado todo esto no llamando puta a Beatriz Montañez.
Como dije en mi anterior post, el tiro va a Intereconomía, pero la onda expansiva nos da a todos, como pasó con la broma del Follonero el día del Gordo.
Horcajo también me da la razón en otro de mis argumentos. Dice que se lo tragaron “sin valorarlo como una de las tonterías que se hacen en ese programa”. Y esa es la clave. Si te tomas en serio un programa de humor, si crees que un humorista es tu enemigo ideológico y el foco de corrupción de la sociedad, el problema lo tienes tú.
Claro, que a lo mejor deberíamos aplicarnos nosotros el cuento también.










